
Hoy por la mañana, llegó a mi puerta uno de esos testigos de Jehová, preguntándome si quería recibir una revista "Atalaya". Estaba ocupada y le dije que se me iba a quemar el arroz (como todo lo que suelo cocinar) por lo que le insistí que no iba a bajar. Entonces, el hombre me preguntó si mi modelo de vida era Jesús, lo cual me llevó a una pregunta más profunda: ¿cuál es la diferencia entre todos los "modelos de vida"?
También me pregunté cómo se sentiría éste hombre si yo le preguntara si su modelo de vida es Krsna o Mahoma. De seguro, para él sería un tremendo shock que lo llevaría a arrojarme un valde de agua y a darme una revista "Atalaya". O, mejor aún, ¿qué sucedería si yo tuviera una arma y le preguntara si su modelo de vida es Yahvé o Bochica? Lo más probable es que me dijera que no, tomaría un arma aún más grande, me dispararía y me daría una revista "Atalaya".
El cristianismo, teniendo en cuenta la mayoría de sus adeptos, es una religión intolerante que llevó a la destrucción y aislamiento de los pueblos indígenas americanos y a la polarización de los pueblos.
Además de la belicosidad de sus fanáticos (que parecen vendedores puerta a puerda de una fe "renovada"), la intransigencia de sus instituciones es aberrante. Si revisamos la historia, la convivencia entre religiones es pacífica hasta cuando las potencias occidentales decidieron expandir sus territorios de ultramar y dividir el mundo a su antojo. Las "guerras religiosas" no son más que guerras por territorios y recursos escasos. Entonces, ¿cuál es el motor de que la revista "Atalaya" sea entregada a aquellos que aún no la tienen? Más que sencillo: seguir con el mismo esquema intransigente e intolerante que se tiene desde que el mundo se dividió entre cristianos y no cristianos.
¿Cuál es la diferencia? Ninguna. Krsna, Jehová, Yahve y Dios son el mismo. Todos quieren un mundo lleno de paz y amor.
Si no hay diferencias, ¿por qué el señor testigo de Jehová se empeña en entregar las revistas? Porque las diferencias existen sólo en nuestras mentes y, por nuestra naturaleza, siempre tenderemos a exigirle a los demás que nuestras creencias, nuestras opiniones y nuestros rituales son más valiosos.
