sábado, 17 de mayo de 2014

Mi nuevo novio: Armani

Aunque vivamos en una época en la que, cada segundo, estamos siendo bombardeados por avisos luminosos de modelos perfectas que ofrecen un mejor aliento, promesas de quitar totalmente las espinillas o falsas propuestas políticas que buscan idiotas sordos como adeptos, hay que comprender que sigue siendo una anormalidad recorrer un centro comercial sin una compañía. Mientras se va de tienda en tienda, miles de ojos juzgan sin saber la razón de la aparente o, en mi caso, verdadera soledad.

Les confieso que para mi ha sido realmente duro volver a la rutina de entrar a un probador y no recibir un concepto favorable o desfavorable. Antes, esa tarea era realizada por quien era el dueño de mi corazón. Sin embargo, y a pesar de lo duro, tortuoso o poco conveniente, prefiero estar sola y convertirme en una especie de adicta a las compras que intenta superar su desgracia detrás de un bonito vestido de Hugo Boss o de un hermoso bolso de Agatha Ruíz de la Prada. 

La ropa no te juzga ni te engaña, mucho menos te deja de querer o te dice un frío y descorazonado "seamos sólo amigos". No. La ropa se acomoda a ti y ayuda a que luzcas mejor por fuera, escondiendo todo lo malo que puedas sentir en tu interior en un cómodo "cardigan" de Zara. Y mientras las demás mujeres van obsequiando sus corazones a hombres con más plástico que sensibilidad en su interior, yo prefiero ir de tienda en tienda y dar lo mejor de mi a cada prenda que me enamore al cruzarse por mi frente, porque han sido tantas las veces que un hombre ha roto mi corazón que, a pesar mi humanidad, un trozo de tela con un diseño en Italia y manufactura en China merece más cariño que un idiota descerebrado que no dimensiona lo que tiene al frente. 




domingo, 11 de mayo de 2014

Al diablo con el matrimonio

Sí, admito que soy una mujer que quiere casarse algún día. Es un sueño que cada vez más se aleja. Sin embargo, no hay nada que me impida soñar con el día de mi matrimonio. 

No quiero ser una novia de aquellas que disfrazan a sus amigos con vestidos ridículos o normas de etiquetas. No quiero ser una novia buscando rosas azules con pintas de rojo en el centro. No quiero ser una novia que gasta millones en un negocio absurdo que contraría el espíritu del ritual del cual voy a ser parte. No quiero ser una novia que cree que ella es el centro de atención.

Para mi, el matrimonio tiene como centro la unión entre dos personas, que se comprometen a crear una familia, en los preceptos de la iglesia católica. Si bien, existen rituales que no se pueden pasar por alto, la parafernalia de los matrimonios modernos dejan de lado lo que realmente importa: el amor entre dos personas. Sin embargo, desde que Nietzsche mató a Dios, el dinero mató al amor, Whatsapp mató el contacto físico y sabiendo que es muy seguro que jamás me case, puedo decir "al diablo con el matrimonio".