
Les confieso que para mi ha sido realmente duro volver a la rutina de entrar a un probador y no recibir un concepto favorable o desfavorable. Antes, esa tarea era realizada por quien era el dueño de mi corazón. Sin embargo, y a pesar de lo duro, tortuoso o poco conveniente, prefiero estar sola y convertirme en una especie de adicta a las compras que intenta superar su desgracia detrás de un bonito vestido de Hugo Boss o de un hermoso bolso de Agatha Ruíz de la Prada.
La ropa no te juzga ni te engaña, mucho menos te deja de querer o te dice un frío y descorazonado "seamos sólo amigos". No. La ropa se acomoda a ti y ayuda a que luzcas mejor por fuera, escondiendo todo lo malo que puedas sentir en tu interior en un cómodo "cardigan" de Zara. Y mientras las demás mujeres van obsequiando sus corazones a hombres con más plástico que sensibilidad en su interior, yo prefiero ir de tienda en tienda y dar lo mejor de mi a cada prenda que me enamore al cruzarse por mi frente, porque han sido tantas las veces que un hombre ha roto mi corazón que, a pesar mi humanidad, un trozo de tela con un diseño en Italia y manufactura en China merece más cariño que un idiota descerebrado que no dimensiona lo que tiene al frente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario