sábado, 17 de mayo de 2014

Mi nuevo novio: Armani

Aunque vivamos en una época en la que, cada segundo, estamos siendo bombardeados por avisos luminosos de modelos perfectas que ofrecen un mejor aliento, promesas de quitar totalmente las espinillas o falsas propuestas políticas que buscan idiotas sordos como adeptos, hay que comprender que sigue siendo una anormalidad recorrer un centro comercial sin una compañía. Mientras se va de tienda en tienda, miles de ojos juzgan sin saber la razón de la aparente o, en mi caso, verdadera soledad.

Les confieso que para mi ha sido realmente duro volver a la rutina de entrar a un probador y no recibir un concepto favorable o desfavorable. Antes, esa tarea era realizada por quien era el dueño de mi corazón. Sin embargo, y a pesar de lo duro, tortuoso o poco conveniente, prefiero estar sola y convertirme en una especie de adicta a las compras que intenta superar su desgracia detrás de un bonito vestido de Hugo Boss o de un hermoso bolso de Agatha Ruíz de la Prada. 

La ropa no te juzga ni te engaña, mucho menos te deja de querer o te dice un frío y descorazonado "seamos sólo amigos". No. La ropa se acomoda a ti y ayuda a que luzcas mejor por fuera, escondiendo todo lo malo que puedas sentir en tu interior en un cómodo "cardigan" de Zara. Y mientras las demás mujeres van obsequiando sus corazones a hombres con más plástico que sensibilidad en su interior, yo prefiero ir de tienda en tienda y dar lo mejor de mi a cada prenda que me enamore al cruzarse por mi frente, porque han sido tantas las veces que un hombre ha roto mi corazón que, a pesar mi humanidad, un trozo de tela con un diseño en Italia y manufactura en China merece más cariño que un idiota descerebrado que no dimensiona lo que tiene al frente. 




No hay comentarios: