No quiero ser una novia de aquellas que disfrazan a sus amigos con vestidos ridículos o normas de etiquetas. No quiero ser una novia buscando rosas azules con pintas de rojo en el centro. No quiero ser una novia que gasta millones en un negocio absurdo que contraría el espíritu del ritual del cual voy a ser parte. No quiero ser una novia que cree que ella es el centro de atención.
Para mi, el matrimonio tiene como centro la unión entre dos personas, que se comprometen a crear una familia, en los preceptos de la iglesia católica. Si bien, existen rituales que no se pueden pasar por alto, la parafernalia de los matrimonios modernos dejan de lado lo que realmente importa: el amor entre dos personas. Sin embargo, desde que Nietzsche mató a Dios, el dinero mató al amor, Whatsapp mató el contacto físico y sabiendo que es muy seguro que jamás me case, puedo decir "al diablo con el matrimonio".
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