lunes, 7 de julio de 2014

El ramo de la novia.

Eran las flores más hermosas que brillaban junto a la mujer del momento. El ramo es el símbolo de la novia. Blanca y pura como las rosas, calmada pero decidida como las hortensias, la novia, que vestía como princesa de cuento de hadas, parecía flotar entre pétalos mientras su marcha hacia el altar tomaba un tono ceremonioso, casi mágico, como si no hubiese arena sino nieve.
Y mientras el atardecer avanzaba, la novia se transformaba, como una oruga durante su encierro en la crisálida. Cada minuto, cada palabra, cada mirada, la acercaban al culmen de su belleza. En el ocaso, un beso selló su metamorfosis: dejaba de ser la novia para convertirse en la mitad de un nuevo corazón.

El resto es una historia distinta, con tonos vanales e impetuosos, adornos de un evento más profundo y místico: palabras, brindis, fotos, bailes… Todo lo que un festejo típico latino debe tener. Sin embargo, un nuevo acto surgía: el símbolo de la novia debía cambiar de manos. El ramo de la novia ha sido símbolo de buena suerte desde la Edad Media. Las manos de la afortunada se harían a la suerte de ser las próximas en ser llevadas al altar.

Como siempre, el universo juega con ironía y las solteras quedan desilusionadas. El ramo ahora pertenece a la soltera que menos quería ser su dueña. Lo que fue ha dejado de ser y se ha convertido en la esperanza de un futuro luminoso para una joven que, posiblemente, lucirá orgullosa su propio ramo de novia.


Muchos éxitos a la nueva pareja.

sábado, 17 de mayo de 2014

Mi nuevo novio: Armani

Aunque vivamos en una época en la que, cada segundo, estamos siendo bombardeados por avisos luminosos de modelos perfectas que ofrecen un mejor aliento, promesas de quitar totalmente las espinillas o falsas propuestas políticas que buscan idiotas sordos como adeptos, hay que comprender que sigue siendo una anormalidad recorrer un centro comercial sin una compañía. Mientras se va de tienda en tienda, miles de ojos juzgan sin saber la razón de la aparente o, en mi caso, verdadera soledad.

Les confieso que para mi ha sido realmente duro volver a la rutina de entrar a un probador y no recibir un concepto favorable o desfavorable. Antes, esa tarea era realizada por quien era el dueño de mi corazón. Sin embargo, y a pesar de lo duro, tortuoso o poco conveniente, prefiero estar sola y convertirme en una especie de adicta a las compras que intenta superar su desgracia detrás de un bonito vestido de Hugo Boss o de un hermoso bolso de Agatha Ruíz de la Prada. 

La ropa no te juzga ni te engaña, mucho menos te deja de querer o te dice un frío y descorazonado "seamos sólo amigos". No. La ropa se acomoda a ti y ayuda a que luzcas mejor por fuera, escondiendo todo lo malo que puedas sentir en tu interior en un cómodo "cardigan" de Zara. Y mientras las demás mujeres van obsequiando sus corazones a hombres con más plástico que sensibilidad en su interior, yo prefiero ir de tienda en tienda y dar lo mejor de mi a cada prenda que me enamore al cruzarse por mi frente, porque han sido tantas las veces que un hombre ha roto mi corazón que, a pesar mi humanidad, un trozo de tela con un diseño en Italia y manufactura en China merece más cariño que un idiota descerebrado que no dimensiona lo que tiene al frente. 




domingo, 11 de mayo de 2014

Al diablo con el matrimonio

Sí, admito que soy una mujer que quiere casarse algún día. Es un sueño que cada vez más se aleja. Sin embargo, no hay nada que me impida soñar con el día de mi matrimonio. 

No quiero ser una novia de aquellas que disfrazan a sus amigos con vestidos ridículos o normas de etiquetas. No quiero ser una novia buscando rosas azules con pintas de rojo en el centro. No quiero ser una novia que gasta millones en un negocio absurdo que contraría el espíritu del ritual del cual voy a ser parte. No quiero ser una novia que cree que ella es el centro de atención.

Para mi, el matrimonio tiene como centro la unión entre dos personas, que se comprometen a crear una familia, en los preceptos de la iglesia católica. Si bien, existen rituales que no se pueden pasar por alto, la parafernalia de los matrimonios modernos dejan de lado lo que realmente importa: el amor entre dos personas. Sin embargo, desde que Nietzsche mató a Dios, el dinero mató al amor, Whatsapp mató el contacto físico y sabiendo que es muy seguro que jamás me case, puedo decir "al diablo con el matrimonio".

lunes, 31 de marzo de 2014

Polvo estelar

Sólo tenemos una verdad absoluta en este universo: vivimos, luego morimos. El miedo a lo desconocido, a ese viaje entre el rio Estigia y la eternidad, nos estigmatiza desde el mismo momento en el que comprendemos nuestra verdad como seres perecederos hasta nuestros últimos resoplidos.

Sin embargo, la muerte no es el final. Nosotros, así como los animales, los árboles y las estrellas lejanas, sufrimos una transformación: la materia se convierte en energía y alimenta a los demás seres vivientes en un ciclo que se ha repetido desde el inicio de los tiempos. 

La muerte ilumina nuestro universo y, a pesar de la tristeza que nos inunda al no poder ver jamás la materialización física del ser querido perdido, es la razón de la armonía en el movimiento de las galaxias.

Somos polvo estelar y, por eso, cada vida es única, irrepetible y llena de luz. 



The morning mists
Descends upon the late-growing mountain fields;
Harvest has begun; so brief
And fleeting is this world of ours
I feel.


Tsurayuki
KKS XVI: 842