Sólo tenemos una verdad absoluta en este universo: vivimos, luego morimos. El miedo a lo desconocido, a ese viaje entre el rio Estigia y la eternidad, nos estigmatiza desde el mismo momento en el que comprendemos nuestra verdad como seres perecederos hasta nuestros últimos resoplidos.
Sin embargo, la muerte no es el final. Nosotros, así como los animales, los árboles y las estrellas lejanas, sufrimos una transformación: la materia se convierte en energía y alimenta a los demás seres vivientes en un ciclo que se ha repetido desde el inicio de los tiempos.
La muerte ilumina nuestro universo y, a pesar de la tristeza que nos inunda al no poder ver jamás la materialización física del ser querido perdido, es la razón de la armonía en el movimiento de las galaxias.
Somos polvo estelar y, por eso, cada vida es única, irrepetible y llena de luz.
Descends upon the late-growing mountain fields;
Harvest has begun; so brief
And fleeting is this world of ours
I feel.
Tsurayuki
KKS XVI: 842
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